Producto mínimo viable para el autoempleo sostenible

Panadería Rincón del Segura

 

Básicamente, dentro del paradigma capitalista el producto mínimo viable es aquél producto o servicio que un emprendedor puede poner en marcha para obtener ingresos con una mínima inversión con dos objetivos básicos, uno el de comenzar a obtener ingresos cuanto antes y dos, el de minimizar las pérdidas -de tiempo y de dinero- si el producto o servicio finalmente no resulta rentable.

 

Pero esto tiene varias contrapartidas que no son compatibles con el autoempleo sostenible: por ejemplo, anteponer la rentabilidad a la calidad, producir en función del beneficio rápido y fácil como primer factor, priorizar las necesidades consumistas de los clientes en detrimento de tus propias necesidades vitales, o no dudar a la hora de presentar productos ficticios creando expectativas a los posibles compradores con el fin de realizar estudios previos de mercado.

 

Supongo que el concepto de producto mínimo viable ha existido siempre desde la aparición del paradigma capitalista. El riesgo al que se someten los bienes propios cuando se emprende una actividad económica pone necesariamente en marcha ese mecanismo que llamamos sentido común, el cual debería de presidir la gran mayoría de nuestros actos. No obstante propongo que admitamos que para una pequeña parte de ellos podamos/debamos dejar una puerta abierta a la genialidad y a la locura y que también eso es propio de los seres humanos.

 

Artesanía de la piedra

 

En el todavía joven paradigma del Desarrollo Humano Sostenible nos encontramos de nuevo con el mismo sentido común presidiendo nuestros actos, pero esta vez dicho sentido se integra con otros muchos sentidos -cuantos más mejor-, y todos unidos de manera inextricable forman una compleja red sistémica donde entran en juego otras también conocidas variables con el objetivo de formar un nuevo corpus de conocimiento entretejido holísticamente para convertir el sentido común en el sentido de nuestras vidas. A esto se le podría denominar el sentido común aplicado.

 

¿Cuáles son esas variables?: el saber hacer, la creatividad, la autoconsciencia, la responsabilidad individual, la intencionalidad para producir cambios, la colaboración, el medioambiente, la justicia social, la economía solidaria, las tradiciones, la artesanía, el valor de lo local, la no-dependencia, la empatía con los clientes, y así hasta el infinito.

 

Nuestro devenir se convierte entonces en algo pensado, en algo consciente, en algo deseado y diseñado por nosotros mismos como fruto de nuestras propias experiencias y de nuestras propias respuestas a la manera en que queremos evolucionar como seres humanos hacia una hipotética pléyade de utopías inalcanzables, pero que nos servirán para iluminar nuestro camino dando sentido a nuestras vidas.

 

Granja de gallinas

 

Este nuevo término que ha salido casi por necesidad en el transcurso de mis reflexiones para este artículo y que he bautizado como sentido común aplicado, serviría como una guía práctica para la aplicación de esta idea a una nueva realidad: el autoempleo sostenible. Veamos como funcionaría.

 

El motor principal que nos movería no es el beneficio fácil y rápido, sino el trabajo bien hecho sobre un producto o servicio que amamos.

Nuestro aporte social pretendería cubrir las necesidades humanas, no las necesidades consumistas humanas.

No buscaríamos la mínima inversión posible en pro de un máximo beneficio alcanzable. Lo que procuraríamos es crear un producto mínimo viable a partir de los recursos que ya tenemos sin necesidad de financiación externa, o que ésta sea la menor posible.

Antes de acudir a financiación externa, recurriríamos a la ayuda de familiares y amigos y a la búsqueda de colaboración con otras personas que tienen lo que a nosotros nos falta y viceversa.

Nuestro producto consistiría en algo que sabemos hacer bien, es un producto digno que será útil a nuestros clientes, que aportará un valor real independientemente de que sea susceptible de mejoras posteriores.

Jabones artesanales

Fundamentalmente se inspiraría en el territorio donde vives y tendría como base sus productos locales, sus tradiciones, su cultura, sus necesidades.

En casos extremos de falta de recursos, intentaríamos hacerlo desde la facilidad que nos ofrece nuestra propia situación. Con creatividad debemos recurrir a aquello que nos resulta más fácil realizar, creando una unidad mínima de producto viable, básico, simple, muy necesario, que podamos vender localmente, sin distribuidores, sin intermediarios, directamente a los consumidores aunque sean vecinos, amigos, familia, gente del pueblo, del barrio, de tu trabajo, etc.

Si no podemos vender nuestro producto o servicio mínimo viable, quizás tengamos que ofrecerlo gratis al principio. No todo lo que hacemos hemos de hacerlo por dinero, a veces el beneficio no viene traducido en dinero instantáneo, sino que se obtiene a lo largo del tiempo. Esto es preferible a la queja permanente que nos envuelve como un halo de desesperanza.

Si no somos capaces de vender nuestro producto mínimo viable, olvidémonos de ir más allá con nuestro proyecto tal como está. Tendríamos que revisarlo y ver en qué estamos fallando o sencillamente pensar en otra cosa.

 

Artesanías enea y esparto

 

El autoempleo sostenible permite ver de otra manera los problemas. En vez de ver delante nuestro un muro de 50 metros de alto imposible de saltar, pongámonos a construir nuestra propia escalera de infinitos escalones hechos a nuestra medida y con nuestros propios materiales. Acto seguido, concentrémonos sólo en nuestro primer escalón y hagámoslo del tamaño que decidamos, pero hagámoslo bien. Tardemos más o menos tiempo en hacerlo, pero disfrutemos del proceso mientras lo hagamos. Cuando empecemos el segundo escalón construyámoslo sobre los sólidos y consolidados cimientos del primero, no busquemos atajos. Y así hasta que un día deseemos que nunca nos falten nuevos escalones para llegar a alcanzar nuestros sueños.

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