El cuento envenenado de la lechera

Primeras Jornadas de Autoempleo Sostenible“La joven lechera va tan contenta hacia el mercado con su cántara de leche repasando cuidadosamente su proyecto por si se ha dejado algún fleco suelto. Camina con paso firme resuelta a ser la protagonista de su propio futuro, abordando con plena confianza el momento de pasar a la acción. Justo cuando enfila la cuesta abajo que conduce al mercado siente un fuerte cosquilleo en el estómago. Se para de repente y presta atención al resbaladizo suelo de cantos rodados, brillante y húmedo a causa del rocío de la mañana………”

Es muy probable que lo que lo que tú crees que ocurrirá a continuación no sea nada creativo. Es más, puede que tu mente esté aflorando en este momento un esquema mental aplicable a la situación propuesta: la lechera resbalará, la cántara rodará por la cuesta dejando escapar su contenido por los cantos rodados, los sueños de la joven lechera se esfumarán y ella y todos nosotros habremos aprendido una provechosa lección: que no hay que luchar por realizar nuestros sueños.

 

Los esquemas mentales son paquetes de ideas preconcebidas alojadas en nuestro cerebro y que utilizamos para afrontar con presteza cualquier situación. Se alojan en nuestro inconsciente, así que cuando aplicamos un esquema mental, no necesariamente tiene que pasar ningún filtro analítico. Con el paso del tiempo conforman en nuestro cerebro una estructura cognitiva repleta de mapas mentales o conceptuales a través de los cuales visualizamos el mundo y que aplicamos en la manera de organizar la sociedad, dando lugar a un conjunto de creencias. Estas creencias influyen a su vez en la manera en que se organiza toda la información en nuestro cerebro y en la formación de nuevos paquetes de esquemas mentales. Todo ello conforma lo que se denomina “habitus“, una solución instantánea que surge del inconsciente y que nos dicta lo que es adecuado para cada situación, lo que se espera de nosotros. En función de su contenido armamos nuestros pensamientos, filtramos nuestras percepciones y elegimos nuestras acciones.

 

El “habitus” está en todo lo que nos rodea. Es reconocible en la manera en que nos comportamos, en cómo hablamos y en las historias que contamos. Está en nuestra cultura, en el arte, en el deporte, en la educación y en la literatura, en los refranes, el folclore, y también en los cuentos que contamos a nuestros niños. Cuentos como el de la lechera contribuyen cada día a remodelar sus tiernas cabecitas de pensamiento divergente en las que cualquier cosa es posible si se afronta con la suficiente dosis de creatividad. El resultado somos nosotros, seres temerosos de equivocarnos, de preguntar, no se vayan a creer que somos tontos, incapaces de emprender el camino para realizar nuestros sueños, porque hemos crecido con la cántara rota en nuestros cerebros, víctimas de un simbolismo que ha resultado ser puro veneno.

 

Aprender a vivir como seres auto-pensantes significaría extraer del inconsciente estos esquemas mentales para someterlos al filtro del sentido común. El sentido común es una combinación de todos los demás sentidos. No conoce las cosas a través del entendimiento, sino del sentir, y sin embargo es vital para la parte consciente de nuestro cerebro porque dota a nuestras acciones de una intencionalidad necesaria para una evolución como seres auto-pensantes. El sentido común también nos puede llevar a cometer errores, pero serán “nuestros errores”, como resultado de una elección pensada y sentida que nos llevará a reorientar nuestra acción de una manera mucho más libre y consciente.

 

He comenzado este artículo con una forma inventada por mí del cuento de la lechera. Esta es una de las infinitas formas en que podría comenzar el nuevo cuento de la lechera. Siempre es posible una nueva versión. Total, ya ha habido muchas. Pero en esencia todas son iguales, todas tienen un final fatal para la pobre lechera. ¿Todas? No, por fin he encontrado una nueva versión para el siglo XXI. Ha sido en la Red, claro. Y en un foro que ahora no encuentro, alguien anónimo había posteado una bella y nueva versión. Después, a la hora de redactar este artículo he dado con otro foro donde he obtenido una nueva pista. Ebúrnea es su nombre de usuario o puede que su nombre verdadero, no lo sé aún, pero no me resisto a poner el enlace aquí para que todo el mundo tenga la oportunidad de leerlo. Gracias Ebúrnea. Se titula “El cuento de la lechera: Versión B”:

http://foros.monografias.com/showthread.php/60912-El-cuento-de-la-lechera-Versi%C3%B3n-B

De todo esto que aquí os hablo trató mi ponencia en las I Jornadas de Autoempleo Sostenible (Alicante, 2013), si alguno siente curiosidad aquí está la grabación:

 

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2 reacciones a El cuento envenenado de la lechera

  1. Margarita Martinez dice:

    !Madre del AMOR HERMOSO!:
    !Quien me iba a decir a mí cuando cambiaba las fábulas, refranes y aforismos y trabajaba en clase con ellos, que un día alguien se enteraría y me buscaría y le llamaría la atención!. !Increíble!.
    Yo soy Ebúrnea, la siempre militante contra las ideas prejuiciadas, que son como piedras de molino en el caminar de la vida cuando te las crees. El cuento de la Lechera me pareció estúpido desde pequeña. Ya en el Colegio me castigaron porque le dije a la monja que tampoco había para tanto, que si se había roto un cántaro, como la vaca estaba en casa, pues mañana se vuelve al mercado y en paz. !palabra que no entendía tal drama!, hacían tragedia y deshacían la vida y porvenir de la pobre lechera por el cántaro, como si hubiera muerto la vaca !Incrible!. Y todos aseverando: !Amén!. Claro, te lO dicen derivándolo con falsa lógica y todos a tragar, con el pensamiento teledirigido, como si no tuviéramos neuronas. Pero yo nací rara o es que esas rarezas no me encajaban, no sé, pero lo que no me encajaba, no me encajaba y claro, objetaba y preguntaba. Esa vez me dijeron que si las esoñaciones y las fantasías, y la avaricia y no sé qué más, pero como puse caras raras…!Al pasillo!.

    Pero no me convencieron y con el tiempo me rearfirmé: Si algo odio son esas cosa y los tópicos, que creídos a pies juntillas hacen que uno mismo se niegue logros que puede conseguir. Los refranes adolecen del mismo defecto: ¿Creen que es de recibo decir que “QUIEN LE DA PAN A UN PERRO, PIERDE EL PAN Y PIERDE EL PERRO?”. Yo creo que lo que ocurre es que LE QUITA EL HAMBRE Y GANA UN AMIGO”.
    Total, que como tuve la suerte de dedicar mi vida a la enseñanza, trabajé mucho con los chicos, para que vayan por la vida sin el freno de mano puesto y deseando que vean sin las orejeras que colocan todos esos cuentos. En esa línea publicamos en nuestra revista escolar “NUEVO REFRANERO DE Mme. MARGOT”., porque me llamo Margarita, había olvidado decirlo: Margarita Martínez y vivo en Valencia

    Un día entré en un foro y coloqué esa versión B de la Lechera y ya lo había olvidado. Encontrar esto es una sorpresa para mí. Doy las gracias, a la vez que las recibo admirada, en serio.
    Y digo !ALELUIA!, Hay gente que lo entiende. Sed bien venidos a mi corazón
    Margarita Martínez

  2. ¡¡Gracias a ti Margarita por poner por escrito lo que otros ya pensamos!! Aunque tengo que confesar que tuve que reflexionar y conversar con José Pérez para ver la versión creativa, ilusionante y que te lleva a no rendirte ante las adversidades.
    Gracias por tu frescura y bello aporte a la vida.
    Un abrazo

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